jueves, 2 de julio de 2015

ESO NO LE HACE DAÑO A NADIE

El día de ayer, caminando por un lugar cualquiera del centro de Medellín en compañía de una persona, pudimos  ver como de la manera  más desvergonzada y con la más absoluta tranquilidad  un muchacho de unos  19 años  prendía un “bareto” y con  su caminado de cumbia seguía su camino.

No pude evitar sentirme indignado por este tipo de comportamientos en una zona  dónde incluso se podían ver algunos niños caminando con sus padres, pero cuál fue mi sorpresa  al escuchar a mi acompañante que con toda la tranquilidad  del caso me decía: “eso no le hace daño a nadie”.

Pues bien, la razón por la que escribo este artículo es porque me interesa demostrar cómo ese: “no le hace daño a nadie” es el argumento más inocuo para  justificar  el consumo de vicio.

Imagínense por un solo segundo el precio de aquel “baretico” que  puede oscilar entre los dos mil y los  seis mil pesos Colombianos, un dólar o tres cuando máximo en moneda Norteamericana.

Dinero este que va a las arcas de los combos  y  bandas criminales,  Money  que financia  las estructuras criminales de la ciudad que no escatiman esfuerzos en delimitar  la misma e imponernos fronteras de terror que tienen que hacerse respetar a sangre y fuego sobre ciudadanos de bien que ven truncados sus sueños por el simple hecho de no querer  exponer la vida al pasar  por  estas delimitaciones  ya sea para practicar un deporte, visitar a la  persona amada o  simplemente trabajar.

Las asociaciones de hampones, para tener el control de determinadas plazas de vicio se matan y acaban con cantidades significativas de jóvenes que ven en la droga la oportunidad de hacer dinero fácil,  balas vienen y van  para dictaminar quién se hará  con el control de la ciudad  y así  ejercer  su “ derecho”  a quemarle las neuronas a la Juventud prometedora  de la misma.

Día  a día  en algún lugar de Medellín hay una madre suplicándole a Dios, entre sollozos y lágrimas  para que su hijo que consume “bareta”  y alucina en un mundo mágico mientras recorre  el  centro de Medellín vuelva sano y salvo a su casa,  son horas de zozobra  para esta madre, que  solo  llegan a su fin  cuando el hijo, atrevido y descarado  vuelve al hogar a  acabar con el mercado porque tiene la “ come trapo”  que le da después  de pasar horas en el mundo de Alicia.

En otro lugar de la ciudad, de igual forma  las horas para otra madre transcurren en la tristeza de saber que su hijo, expendedor de vicio, todas las mañanas sale  de su hogar  pero no se sabe  si volverá.

Mientras transcurre el día, un joven de 14 años, sicario, sin educación, considera que  es más económico “trabar” a su pequeño bebe soplándole el humo de la “bareta”  que se fuma  que darle tetero.

En un Barrio no muy lejos de allí hay un grupo de policías exponiendo su vida  mientras realizan una redada a una olla de vicio, las madres, esposas e hijos de estos buenos hombres se unen  en  las súplicas a Dios para que éstos vuelvan  a su casa sanos y salvos  sin saber que el líder de la banda delincuencial  ha dado la orden expresa de recibir a “plomo” a la autoridad, porque si pierde esa plaza, mañana él será un NN más en la morgue ya que  a los  grandes narcos no les gusta perder  plata así como así.

Mientras leemos este escrito hay  hogares que se están destruyendo  y  vidas que se están perdiendo gracias a esos dos mil pesitos que cuesta el “baretico”  que compró  ese muchacho  ayer, y que tal vez comprará  hoy. 

Pero yo estaré feliz con que uno solo, solo uno de esos compradores que justifican el consumo “light” “inspirador”  o vanguardista  de “bareta” haya reflexionado con estas letras y se dé cuenta de la irresponsabilidad que hay en las palabras: Eso no le hace daño a nadie.

@JulianUrregoA




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