El día de ayer, caminando
por un lugar cualquiera del centro de Medellín en compañía de una persona,
pudimos ver como de la manera más desvergonzada y con la más absoluta tranquilidad
un muchacho de unos 19 años prendía un “bareto” y con su caminado de cumbia seguía su
camino.
No pude evitar sentirme
indignado por este tipo de comportamientos en una zona dónde incluso se podían ver algunos niños
caminando con sus padres, pero cuál fue mi sorpresa al escuchar a mi acompañante que con toda la
tranquilidad del caso me decía: “eso no
le hace daño a nadie”.
Pues bien, la razón por la
que escribo este artículo es porque me interesa demostrar cómo ese: “no le hace
daño a nadie” es el argumento más inocuo
para justificar el consumo de vicio.
Imagínense por un solo
segundo el precio de aquel “baretico” que
puede oscilar entre los dos mil y los
seis mil pesos Colombianos, un dólar o tres cuando máximo en moneda
Norteamericana.
Dinero este que va a las
arcas de los combos y bandas criminales, Money
que financia las estructuras
criminales de la ciudad que no escatiman esfuerzos en delimitar la misma e imponernos fronteras de terror que tienen que hacerse respetar a sangre y fuego sobre ciudadanos de
bien que ven truncados sus sueños por el simple hecho de no querer
exponer la vida al pasar por estas delimitaciones ya sea para practicar un deporte, visitar a
la persona amada o simplemente trabajar.
Las asociaciones de hampones,
para tener el control de determinadas plazas de vicio se matan y acaban con
cantidades significativas de jóvenes que ven en la droga la oportunidad de hacer dinero
fácil, balas vienen y van para dictaminar quién se hará con el control de la ciudad y así ejercer su “ derecho” a quemarle las neuronas a la Juventud
prometedora de la misma.
Día a día
en algún lugar de Medellín hay una madre suplicándole a Dios, entre
sollozos y lágrimas para que su hijo que
consume “bareta” y alucina en un mundo
mágico mientras recorre el centro de Medellín vuelva sano y salvo a su
casa, son horas de zozobra para esta madre, que solo
llegan a su fin cuando el hijo,
atrevido y descarado vuelve al hogar
a acabar con el mercado porque tiene la “
come trapo” que le da después de pasar horas en el mundo de Alicia.
En otro lugar de la ciudad,
de igual forma las horas para otra madre
transcurren en la tristeza de saber que su hijo, expendedor de vicio, todas las
mañanas sale de su hogar pero no se sabe si volverá.
Mientras transcurre el día,
un joven de 14 años, sicario, sin educación, considera que es más económico “trabar” a su pequeño bebe soplándole
el humo de la “bareta” que se fuma que darle tetero.
En un Barrio no muy lejos de allí hay un grupo de policías exponiendo su
vida mientras realizan una redada a una
olla de vicio, las madres, esposas e
hijos de estos buenos hombres se unen en
las súplicas a Dios para que éstos vuelvan a su casa sanos y salvos sin saber que el líder de la banda delincuencial
ha dado la orden expresa de recibir a “plomo” a la autoridad, porque si
pierde esa plaza, mañana él será un NN más en la morgue ya
que a los grandes narcos no les gusta perder plata así como así.
Mientras leemos este escrito
hay hogares que se están
destruyendo y vidas que se están perdiendo gracias a
esos dos mil pesitos que cuesta el “baretico” que compró
ese muchacho ayer, y que tal vez
comprará hoy.
Pero yo estaré feliz con que uno solo, solo uno de esos compradores que justifican el
consumo “light” “inspirador” o
vanguardista de “bareta” haya reflexionado con estas letras y se dé cuenta de la irresponsabilidad que hay
en las palabras: Eso no le hace daño a nadie.
@JulianUrregoA
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