¡Oh
Dios! Señor de los que nos dominan.
Guía supremo, que tienes en tus manos
Las riendas
de la vida y de la muerte.
Escucha mi oración
de guerra.
Haz
que la sed, el hambre, el cansancio y la
fatiga,
No la
sientan ni mi alma ni mi espíritu,
Aunque
la sientan mi carne y mis huesos.
Haz que no
rehúya ni con la imaginación siquiera,
El primer
puesto en el combate;
La
guardia más dura en la trinchera,
La misión
más difícil en el avance.
Pon caridad en mi corazón, para que mi tiro sea sin odio
y destreza
en mi vista, para que mi tiro sea
certero.
Haz que por mi fe, sea capaz de cumplir
lo imposible;
que
desee morir y vivir al mismo tiempo.
Morir como tus santos apóstoles,
Como
tus antiguos guerreros;
Vivir
como tus arriesgados misioneros,
Como
tus antiguos cruzados.
Luchar
por ti por la paz de Colombia,
Por el
bienestar de mis semejantes,
Te
lo pido señor. Que la penitencia encarne en mí.
Que
sepa sufrir con la sonrisa de mis
labios,
Como
sufrieron tus mártires, Señor.
¡Concédeme!
Oh rey de las victorias, el perdón por mi soberbia.
Yo quise ser el soldado más valiente de mi Ejército,
El
colombiano más amante de mi patria.
Te
lo pido señor.
Por
mi guardia constante en el amanecer de cada día;
Por mis
jornadas de hambre, de sed, de cansancio, de fatiga y de dolor.
Si
lo alcanzo señor, ya mi sangre
podrá correr con júbilo,
Por los
campos de mi patria.
Y mi
alma podrá subir tranquila a gozar del
templo de tu eternidad.
Esta oración fue
escrita por el teniente Nelson
Darío Bedoya Zuluaga, caído en acción en cumplimiento del deber en las selvas
del Caguán, en el año de 1981, dos semanas antes de su sacrificio
supremo.
@JulianUrregoA

