martes, 28 de abril de 2015

ORACIÓN DE GUERRA.


¡Oh Dios! Señor  de los que nos dominan.
Guía  supremo, que tienes en tus manos
Las riendas de la vida y de la muerte.
Escucha  mi oración  de guerra.

Haz que  la sed, el hambre, el cansancio y la fatiga,
No la sientan ni mi alma  ni mi espíritu,
Aunque la sientan  mi carne  y mis huesos.

Haz  que  no rehúya  ni con  la imaginación  siquiera,
 El primer  puesto  en el combate;
   La  guardia  más dura en la trinchera,
 La misión  más difícil en el avance.

Pon  caridad en mi corazón, para que mi tiro  sea sin odio
  y destreza  en mi vista, para que  mi tiro sea certero.

Haz  que por mi fe, sea capaz  de cumplir  lo imposible;
que desee morir y vivir al mismo tiempo.
Morir como tus santos apóstoles,
Como tus antiguos  guerreros;
Vivir como tus arriesgados misioneros,
Como tus antiguos cruzados.

Luchar por ti por la paz de Colombia,
Por el bienestar de mis semejantes,
Te lo pido señor. Que la  penitencia  encarne en mí.
Que sepa sufrir  con la sonrisa de mis labios,
Como sufrieron tus mártires, Señor.

¡Concédeme! Oh  rey de las victorias, el perdón  por mi soberbia.
Yo  quise ser el soldado más valiente de mi  Ejército,
El colombiano más amante de mi patria.
Te lo pido señor.

Por mi guardia  constante  en el amanecer de cada día;
Por mis jornadas  de  hambre, de sed, de cansancio,  de fatiga y de dolor.

Si lo alcanzo señor, ya mi sangre  podrá  correr con júbilo,
Por los campos  de mi patria.
Y mi alma  podrá  subir tranquila  a gozar del  templo de tu eternidad.


Esta oración fue escrita por el teniente Nelson Darío Bedoya  Zuluaga, caído en acción  en cumplimiento del deber  en las selvas  del Caguán, en el año de 1981, dos semanas antes de su sacrificio supremo.



@JulianUrregoA

miércoles, 15 de abril de 2015

HOMENAJE A NUESTROS HÉROES CAÍDOS.

                                          Homenaje a nuestros héroes caídos en cumplimiento
                                                          del deber.Imagen tomada de www.Ejercito.mil.co


INTRODUCCIÓN

El día de ayer, 17 de marzo  de 2012.  Finalizando el día, mientras  algunos trabajábamos en internet, en la red social twitter comenzaban  a trinarse mensajes sobre combates fuertes en la zona de Arauca-Colombia,  se hablaba de  varias bajas de nuestros héroes. Lamentablemente  con el paso de los minutos el siguiente comunicado publicado en la página  web de nuestro Ejército Nacional,   aclararía la situación en la siguiente forma:

“El comando de la Décima Octava Brigada se permite informar a la opinión pública lo siguiente:
Siendo las 4:30 de la tarde del 17 de marzo en el área general de la vereda Tres Cruces, municipio de Arauquita, a 600 metros hacia el sur de la carretera que de Panamá de Arauca conduce a la vereda Puente Lipa, tropas del Batallón Energético y Vial No 16, en el momento en que realizaban tareas propias de su misión, velando por la seguridad de la vía, resultaron afectadas por un ataque indiscriminado por parte de la compañía Drigelio Almarales del décimo frente de las FARC.
 En el hecho terrorista perdieron la vida un suboficial y diez soldados regulares y resultaron heridos dos más, quienes fueron remitidos de manera inmediata hasta el hospital San Vicente de Arauca, donde reciben la atención médica requerida. El Comandante de la Décima Octava Brigada del Ejército lamenta el hecho que enluta a toda la institución y presentan a los familiares y amigos de estos héroes de la Patria, sentimientos de solidaridad y condolencia a la vez que suplica al todopoderoso que los reciba en su santo reino.”

Era  una noticia devastadora,  y dolorosa para todos aquellos que queremos  y respetamos a los hombres y mujeres que hacen parte de nuestra fuerza pública. Estaba triste,  pues 11 familias  Colombianas  en aquel preciso momento en que yo  terminaba mi jornada laboral con la única preocupación  de  llegar a mi casa  a comerme un sándwich  cubano que me  había llevado mi hermana, estarían llorando  y afligidas por perder  a los suyos.

Caminando; pensando en esos héroes que entregaron su vida  mientras recorría con mis piernas y mis ojos  la avenida del poblado y sus múltiples locales y  personas  en  la ciudad de Medellín, mirando la gente sonreír, rumbear, caminar de la mano de sus parejas, comer hamburguesas y cenar en restaurantes, algunos enamorados,algunos otros peleando y otros muchos besándose,demostrándose su amor; Me preguntaba, ¿Sabrán estas personas que en este preciso momento, mueren soldados  para  que ellos puedan estar aquí, tranquilos sin más preocupación de  que no vaya a llover  y sea una noche hermosa?, me pregunté también en ese momento por qué mueren nuestros soldados y me acordé que en un pequeño libro de poesía llamado Madrigales de  autoría  precisamente de un soldado de nuestro Ejercito de nombre Carlos Alberto Hernández, había guardado un pequeño papel hacía más de dos años, donde se daba respuesta a este interrogante,  así  pues que me devolví a mi oficina a buscarlo, y  al leerlo sencillamente  supe  que tenía que escribir este  mensaje en agradecimiento y como un reconocimiento a todos los Colombianos que día a día  entregan su vida por una mejor patria, que la mejor manera de agradecer y homenajear a los soldados caídos es simplemente compartir ese escrito que yacía guardado  en un libro, olvidado.

No sé quien lo escribió  y en consecuencia no puedo reconocerle autoría, si algún día alguno de mis lectores sabe  quien lo hizo,agradecería que me lo dijera:


¿POR QUÉ MUEREN LOS SOLDADOS?

Mueren porque prefieren aceptar las heridas en sus cuerpos, que portar las heridas en el alma y decidieron empuñar las armas en la guerra, para que tú puedas vivir en paz. Es más grande su deseo de vivir que su temor ante la muerte.

Mueren,  por que como guerreros de Colombia, prefieren caer en el combate que  ver a sus hijos levantándose en zozobra  y como una  y mil veces puede más su amor por la Patria que el odio por sus asesinos. Ellos ofrendan su más preciado tesoro en la tierra, esa vida que el Todopoderoso les ha obsequiado, es entregada sin pronunciar una queja, para que tú, en cualquier lugar donde te encuentres, disfrutes de ella.

Ellos sufren para  que tú  y tu familia vivan alegres, y mueren para que otros nazcan. No llores sobre sus ensangrentados cuerpos, no llores sobre sus frías tumbas, mejor llora por ti, que aún no mueves tus manos para ayudar, no mueves tus labios para informar, no haces una llamada para denunciar, no diriges tus pies para alertar o haces un comentario para alentar, y aún así preguntas ¿Por qué mueren los Soldados?.

¡MUEREN POR TI COLOMBIA!

Paz en las tumbas de todos  nuestros héroes caídos en combate.

@JulianUrregoA


miércoles, 1 de abril de 2015

UNA NOCHE DE TROTE.

Aquella noche el soldado no prestaba servicio, ese día descansaba, sin embargo quería salir, quería trotar y sentir el aire puro en sus pulmones, quería sentir su corazón palpitar y lo más importante deseaba ver la ciudad  en la tranquilidad de una noche iluminada por tan solo algunas estrellas. Solo le acompañaban su celular donde escuchaba música y $40.000 mil pesos en sus bolsillos, tenía hambre pero prefería antes de comer hacer el ejercicio.

Fue entonces que lo vió, estaba en medio de la calle, yacía sentado en el andén rodeado de maleza, a su lado: un semáforo,  mientras los carros  de todas las marcas  lujosas  pasaban rumbo a uno de los sectores más ricos de la ciudad, sin percatarse  si quiera  de esa alma  que sentada en posición de oración  pedía a Dios que le ayudare.

Cualquiera lo hubiera dado por indigente, pero no era así,  se trataba de un campesino  que había sido desplazado por la violencia del país y que ahora se rebuscaba la vida de $12.000 en $12.000 mil pesos  para darle techo a su familia  y algo de comer en el día a día, pero esa noche no lo había logrado porque la inflamación en su pie, tal vez de tanto caminar, le impedía  avanzar las distancias que acostumbraba  para pedir  ayuda.

El reloj marcaba las once de la noche y a esa hora nadie caminaba en las calles salvo aquél soldado que con sudor en su frente quiso detenerse a escuchar la oración de su compatriota, y fuese el mismo soldado quién decidió sentarse a su lado para apoyarle  y ver como éste  humilde personaje se desahogaba contando sus historias y aventuras de cuando era niño, de el por qué había aprendido a fumar, porque  abandonó  la parranda  para encontrar a Dios y porque  día a día se la rebuscaba por su familia.

Le contó al soldado su humilde sueño, un sueño que consistía en reunir dinero para devolverse al campo a trabajar la tierra porque en la ciudad nadie le daba empleo, un sueño que llevaba dos años gestándose  y que ya tenía más de la mitad de los ahorros pero que aún le faltaba para el trasteo, ya que su señora no abandonaría ni dejaría en la ciudad ese chifonier que con tanto sacrificio habían conseguido, esas pesadas tablas que constituían su único bien después del desplazamiento por la violencia, ese único  bien que les daba calidad de vida  y por el cual los gastos para devolverse al pueblo le valían tanto.

Luego de un buen rato el soldado le dio la mano y así mismo los únicos $40.000 mil pesos que le acompañaban, esto a cambio de que esa noche dejara de trabajar y que al estar con su familia descansando le pidiera  a Dios por los soldados de Colombia.

El soldado y Elkin Arnulfo -el campesino- se despidieron con un fuerte apretón de manos, Elkin feliz porque sus  ruegos habían sido escuchados  se dirigió a su hogar  y el soldado con fe en la causa siguió su trote.

A la noche siguiente el soldado de nuevo salió a trotar, pero esta vez con la esperanza de encontrarse a Elkin, tuvo que dar algunas vueltas de más  antes de verlo  caminar a lo lejos, cojeando aún y rumbo a aquél semáforo en el que se habían conocido  y en el cual  esperaba  completar sus doce mil diarios. 

Con un efusivo saludo  esta vez acompañó a Elkin en su caminata  mientras este le seguía contando  sus historias de la niñez y sus sueños de  trabajar la tierra  como siempre lo había hecho. Cuál sería su sorpresa pues esta vez  había  un regalo para él,  un regalo  que le sería entregado en  nombre de  todos  los soldados de Colombia,  el   total del dinero que le hacía falta para completar  su viaje le fue dado en sus manos mientras una pequeña  lágrima  amenazaba con brotar de sus ojos, la alegría, la sonrisa y el agradecimiento sincero de Elkin bastaba para saber que aún en el descanso nuestros hombres dan todo de sí por sus compatriotas.

Aquella sería la última noche de Elkin en la ciudad de Medellín,  esa parte de su historia había terminado,  ahora  comenzaba el capítulo de su vida nuevamente en el campo, Elkin se marchó a su casa inmediatamente prometiendo que al día siguiente retornaría al pueblo, se fue feliz, en oración y diciendo desde lo más profundo de su corazón: Yo hoy voy a orar por ustedes.

-Esta carta la escribí por Elkin-, él  simplemente quería dar las gracias.

Los héroes en Colombia  sí existen  y están vestidos de honor.

@JulianUrregoA

MIS RAZONES PARA NO APOYAR LA TOMA DE CALLES Y AGLOMERACIONES DEL PARO 28 A -2021.

  Dentro del Ejercicio Constitucional Art 37, el Comité Nacional del Paro, decidió manifestarse públicamente este 28 A-2021, teniendo como b...