Fotografía tomada de http://hihiki.35photo.ru/photo_548101/#author/548101
Finalizaba ya la tarde de un domingo en ese bar de
bohemios y locos, al son de unos buenos tangos, mientras mis labios sorbían un
buen café y mis pulmones exhalaban el
humo de un cigarrillo, cuando te vi, no te dabas cuenta de que te miraba a lo lejos porque drogada bailabas en lo que tal vez pensabas era una coreografía
sensual, le danzabas y mostrabas tus carnes a hombres que como tú,
intoxicados y bebiendo, sentados en el
parque, disfrutaban del que para mí era el espectáculo más grotesco que habían visto
mis ojos ese día.
Te movías
a lo largo del parque e increpabas a los
transeúntes pidiéndoles que te mataran, tal vez fruto de tu cerebro obnubilado quién sabe de
qué sustancia.
Un
sorbo más a mi café, y mientras encendía un nuevo cigarrillo me era imposible dejar de
pensar ¿Qué te había herido? ¿Quién o qué había
causado tal daño en ti para que esa tarde sin valorarte nos ofrecieras esa lúgubre obra de teatro? donde tú, protagonista, divertías a una veintena de espectadores que encontraban en tú dolor y encolerizado mundo mágico su
más intoxicante diversión.
Sonrisas
y carcajadas iban y venían resultado de esa audiencia poco culta que disfrutaba de la miseria que exhibías, ganándose así su comparecencia
al mismísimo infierno.
Con mi tercer y último cigarrillo, ya comenzando la noche decidiste partir,
pues aquellos hombres no te prestaban más
atención, sus cerebros idiotas habían sucumbido y dormían en la calle sin el más mínimo bochorno.
Entonces tú, bailarina del parque, decidiste que era hora de partir y te
alejaste danzando y cantando hasta que te perdí de vista, te fuiste dejando atrás la inspiración de estas
letras y mi atrevimiento para que a través de ellas le dijéramos tú y yo a Colombia un sincero NO A LAS DROGAS.
@JulianUrregoA





