LLueve, truena y relampaguea sobre la patria.
Los Colombianos corremos a nuestros hogares a
resguardarnos, tomarnos un café y
cambiarnos la ropa mojada, otros no tienen más opción que entregarse en oración
para que sus humildes ranchos y tejas de zinc no colapsen llevándose montaña abajo sus sueños, pero
incluso hay quienes, con no más que un plástico
que los cubre, esperan pacientemente
a que cese de llover en alguna
esquina de nuestras ciudades atiborradas de personas.
Llueve, truena y relampaguea, no para
recordarnos que el Divino de un solo plumazo
puede borrar todo aquello que fuimos, somos y tal vez seremos, sino que llueve, truena y
relampaguea para expiar nuestras culpas, lavarnos de nuestros pecados, de nuestros
dolores y de nuestra intolerancia por nuestros hermanos.
Llueve para igualarnos a todos y demostrarnos que los
clasismos, dineros, odios, xenofobias y
otros absurdos sobre los cuales está fundada nuestra sociedad no son más que necedades.
Llueve para que nos demos cuenta de esto, y así, de la misma manera en que luego sale
el sol irradiando sus hermosos y
calurosos rayos, seamos nosotros los que
desde nuestro corazón lavado por
esta lluvia del perdón, nos convirtamos
en la luz que emane el amor y el nacionalismo que tanta falta hace a nuestros
compatriotas.
@JulianUrregoA